Poe: La seducción de lo horrible.

Todo lo que vemos o parecemos es solamente un sueño dentro de un sueño. 


De temperamento inestable y alcohólico, inclinado a la locura, a la neurosis y a pesadillas que no le dejaban dormir, Edgar Allan Poe vivió rodeado de espectros, de apariciones y de sentimientos oscuros que poblaron sin cesar su imaginativa mente.


Antes de morir, a la edad de cuarenta años, Edgar Allan Poe dejó constancia de su abrumador talento en su obra literaria, entre la que sobresalen sus narraciones cortas o cuentos, conocidos en la Europa del S.XIX gracias a las traducciones que de ellos hicieran Stephane Mallarmé y Charles Baudelaire, -quien de paso, se apoderó del aura de maldito del maestro y acabó malditeando todo aquello que se le ponía por delante, ya fuera el hachís, las gaviotas o Las Flores del Mal-. A pesar de sí mismo, Baudelaire supo ver en los extraños relatos de Poe una revelación: Parecen haber sido creados para demostrarnos que la singularidad es una de las partes integrantes de lo Bello. No se equivocó: los cuentos de Poe están poblados de una riqueza fenomenológica que inspiró, no sólo al mismo Baudelaire, sino a otros tantos escritores y artistas al otro lado del océano. En primer lugar, su influencia se deja sentir en la generación siguiente de escritores y pintores pertenecientes al Simbolismo, y posteriormente, en el S.XX, a los surrealistas. Muchos de ellos nos parecen relatar desde sus obras las visiones etílicas del propio Poe, en un intento de materializar, con mayor o menor fortuna, lo que un Goya pre-romántico ya había logrado con la realización de las Pinturas Negras.


Por todos es conocida la penosa trayectoria vital de Allan Poe: huérfano de padre y madre a muy temprana edad, separado de su hermana, y adoptado por una pareja cuyo cabeza de familia no le comprendía, acabó muriendo tirado en la calle, en pleno delirio, rogándole a Dios que se apiadara de su alma. Sí, el relato de la desgraciada vida de Poe es de los que rompen el corazón y le hacen pensar a uno que la justicia divina se ha cubierto de gloria en demasiadas ocasiones como para seguir creyendo en ella.  Sin embargo, sería un error solapar la  desastrosa vida personal de Poe con la seriedad con que se tomaba su pasión por la literatura: siempre intentó vivir de ser escritor, poeta, periodista y crítico, oficios en los que ya en vida, alcanzó tanta notoriedad como pocos ingresos. En su póstumo Método de Composición (1850) dejó constancia de tales preocupaciones, defendiendo la idea de que sus propias invenciones no podían atribuirse en modo alguno a la intuición ni al azar así como tampoco a un mal atribuido éxtasis romántico.




Es conveniente recordar que el Romanticismo, dentro del cual se engloba a Poe,  había surgido en Europa después de la Revolución Francesa, como reacción a la tradición Ilustrada y Neoclásica reinante en el S.XVIII. Sin embargo, el ensueño romántico se quebró con  la nueva concepción del mundo, más pragmática, y más realista, originada por el vertiginoso desarrollo de la Industrialización. No es de extrañar, que, como consecuencia de ello, gran parte del arte posterior estuviera habitado por la viva nostalgia de un mundo-de-conceptos, que había desaparecido con el Realismo y su mundo-de-descripciones. Pero toda vez que fue descubierta la relatividad de una cultura basada en la idea de que la ciencia mejoraba y la humanidad mejoraba con ella, como si tal cosa fuese la verdad absoluta, los artistas y escritores rechazaron con convencimiento esta percepción del mundo, tan falta de poética, y abrazaron la tristeza, el aburrimiento, la desilusión amorosa y la impotencia, la soledad y el sueño –mucho más divertidos que el progreso, qué duda cabe- como única vía de escape de un mundo que agonizaba.


Decía Poe que quien sueña de día conoce muchas cosas que se le escapan a quien sólo sueña de noche. Durante el sueño, hay una coexistencia de la dimensión material del hombre con su dimensión espiritual, creándose un espacio intermedio donde la fantasía y la realidad y el espacio-tiempo son anulados para dejar paso a lo que no puede comprenderse por medio de la razón. La manifestación de lo oculto en el arte antes del S.XIX estaba más relacionada con las revelaciones, esto es, con una comunicación sobrenatural de un ser superior, normalmente Dios, a los hombres, para revelarles conocimientos que éstos no podían obtener por sí mismos, evidentemente. En cambio, a partir del S.XIX, con el interés que suscitaron las ciencias ocultas y el esoterismo empezó a proliferar la creencia de que durante el sueño, las cosas surgen, se muestran al inconsciente y éste, a su vez, las comunica al consciente por medio de la memoria. Este proceso mental, en caso de desequilibrarse, puede conducir a la vida en sueño, y, por tanto, al delirio, a la pesadilla y al horror; pues la vida, tomada como sueño, pierde su condición de real, convirtiendo a la muerte en el horror del despertar y, por tanto, en lo único que dotaría a nuestra existencia de verdad, de realidad.


Abyssus Abyssum invocat. El abismo llama al abismo. Podría decirse que la vida de Poe y su literatura son, (como diría Henri Michaux de sí mismo y de su rostro)  un poco como si se devoraran mutuamente. ¿Acaso son sus fantasías meras traducciones de su forma de experimentar el mundo? ¿O se trata por el contrario de puras ensoñaciones de lo horrible?. En cualquier caso, lo fascinante de Edgar Allan Poe no es en modo alguno su biografía-de-pobre-hombre-con-talento-pero-rodeado-de-miseria. Lo fascinante de Poe es su descubrimiento de que lo demoníaco no existe fuera de nosotros. Su hallazgo de que si existe, está en nosotros. Si existe, es real. Y es por ello, por tratarse de un impulso que se encuentra precintado a nuestra alma, que la visión de lo monstruoso que habita en nosotros se convierte, por su misma naturaleza, en la tentación más terrible de todas cuantas nos asaltan. Una tentación a la que quizás todos, tarde o temprano, habremos de sucumbir, sólo por la  necesidad interior de poseer la visión del horror, de ese más que no puede ser soportado. Sobre la posibilidad de seducción de lo bello no hay dudas. Lo bello seduce, atrae. Pero, ¿acaso lo sobrenatural, lo fantástico, lo misterioso, y lo inexplicable no son conceptos irresistiblemente seductores y bellos, aunque sea el horror quien los guíe hasta nuestras almas? Tan sólo tienen que encender sus televisores…y ponerse a soñar inmediatamente. El que mire, está perdido.


Existen ciertas cosas que no se pueden designar directamente, hacen falta símbolos para poder hablar de ellas. Para poder describir el horror, es necesario conocer el miedo.¿Qué era el miedo para Edgar Allan Poe?: ¿El acecho del horror, no del hecho en sí, sino de la posibilidad de que aquello que más tememos pueda ocurrir? ¿Estar despierto, no estarlo?, ¿Saber, ignorar? Imposible saberlo. Pero una cosa es segura: la sola posibilidad de su existencia, apuntala la verdadera naturaleza del horror; nos pone sobre aviso. Como bien dice Enrico Castelli en su ensayo “Lo demoníaco en el arte”, si lo demoníaco fuese una sorpresa absoluta, sería invencible.


Y sólo la muerte es invencible.


Y quisiera saber algo más antes de cerrar los ojos:

“¿Tiene sentido la esperanza frente a lo horrendo?”.


Intuyo que Poe lo sabe, pero prefiere callar.

2 comentarios:

Laura Tovar dijo...
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Laura Tovar dijo...

Excelente tu texto sobre Poe, realmente fascinante, siempre me ha parecido uno de los escritores más singulares y atrayentes de la literatura del siglo IXX y más aun sobre todas las cirscunstancias por las que tuvo que atravesar su vida, un escritor apasionante. Casualmente me encuentro leyendo un libro que relata su misteriosa muerte; un tanto floja la historia a mi parecer, pero aun así merece la pena leerla. Por si te interesa el libro se llama La Sombra de Poe, escrito por Matthew Pearl.
Un gran saludo.